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Mensaje por Hermione Borromeo el Lun Ene 16, 2012 4:11 pm

Los primeros rayos de sol, habían logrado despertarme. Habían entrado entre los bordes de una cortina mal cerrada. Lleve mi mano, a la mesita de nombre en busca de mi vaso de agua. Casi siempre por la mañana tenía la necesidad de tomar un poco, pues eso calmaba mis ganas de cualquier aperitivo matutino. Abrí los ojos, intentando, pensar que me debía levantar, y en mis pensamientos caminaba directamente al baño. Pero en realidad estaba aun envuelta entre las sabanas. Me estire en toda la cama, no pensaba quedarme el día durmiendo. Di un par de vueltas en la cama, hasta que en un mal movimiento me hizo caer, rodando entre las sabanas, hasta la mitad de la habitación. Por suerte estaba sola, pues aquello había sido demasiado vergonzoso, pero al fin de cuenta, yo tenía demasiado estilo en muchas cosas. Reí entre dientes, mientras me paraba como si nada, con el cabello hecho bolas, y caminaba hasta el baño. Llevaba una batón blanco con encajes de manga larga, de suave algodón, era uno de mis favoritos. Me lo había quitado, para meterme al agua. Estaba algo fría pero me encantaba. Llegaba directamente de un manantial, que estaba conectado a la casa. Había leído, que el agua fría hacia permanecer joven, y no era que fuera demasiado vanidosa, simplemente me gustaba el cuidado de mi. Brinque un poco para acostumbrarme al frio, hasta que por fin pude soportarla. Unas cuantas flores, de olor para llenar mi cuerpo y cabello de aromas. Me gustaba lo natural, y se podía notar enseguida. Después de unos minutos había terminada. Y estaba lista para salir de mi habitación, tenía mi diario en mano, que más que diario era un libre de investigación, tenía todo tipo de dibujos acerca de aves y mariposas, y lo que más deseaba era encontrar un hada o algo parecido. Las había dibujado varias veces copiando algunas imágenes en libros, pero jamás había visto una en persona. No era que estuvieran a la vuelta de la esquina. Sonreí mientras salía silenciosamente. Ya había encontrado la forma de salir de mi hogar, sin tener que dar tantas explicaciones, hasta ahora me había mantenido como una mujer exitosa, y honorable y quería permanecer de esa forma, por el simple hecho de ganarme el corazón tan preciado de Romeo.

Había logrado salir de mi hogar por la puerta principal, la servidumbre daba vueltas por el lugar, cualquiera imaginaria que iba a mis caminatas nocturnas. Camine hasta lo que era la cocina, estaba apartada de la casa, donde guardaban las legumbres, y los animales de granja. Ahí estaba la señora Leevano, con su esposo. Preparando todo para llevarlo a la cocina principal, pues mi madre siempre quería que la cocina estuviera limpia sin rastro de sangre o desperdicios. Me miraron, y pasaron enseguida una lista de ciertas cosas, que hacían falta. Si lo que mas me encantaba era comprar, ir al mercado y escoger yo misma la comida, y las verduras, demás. Aunque al fin de cuenta la mitad de todo eso se iba a manos de alguna persona que mas lo necesitara. Pues lo que mas odiaba era ver a las personas pedir dinero en las calles, morir de hambre. La carroza ya estaba lista, y la doncella que siempre me acompañaba estaba dentro. A veces deseaba un poco de soledad pero era imposible que una dama saliera sin chaperona. Fingí alegría al verla cerca, pero ya demasiada discusión había propiciado con mi padre, para seguir con la guerra de mi independencia. Era una mujer y aun no me casaba con Romeo, era como si se estuviera posponiendo todo. Yo sabía muy bien las razones y no había desistido de ello. En el fondo de mi alma aun guardaba la ilusión de que todo cambiara, de que un día Romeo llegara a pedirme perdón de su osadía, que estaba cegado. Pero la realidad era otra y yo quería seguir soñando.

Conforme avanzábamos en la carroza, el silencio se iba apoderando entre nosotras, yo no era mucho de charlar, mas bien era de hundirme en mis pensamientos, y pensar simplemente sin decir palabra alguna. Si tan solo la comunicación se basara en pensamientos yo estaría feliz. Mire por la ventana una par de veces, dejando entrar el sonido del chasquido de los caballos, y el movimiento de las ruedas al hacer contacto con la tierra, nuestro hogar quedaba a unos minutos de la ciudad, y teníamos que pasar el bosque. Todo ese olor a naturaleza, y el ruido de los arboles y aves cantar en unísono me hacia relajar. Hundirme aun mas en mis pensamientos, era inevitable, no pensar en Romeo, estaba en cada uno de mis pensamientos, no importaba la hora y el día. Estaba aferrada tanto a su recuerdo que no aguantaba la hora para verle, para tenerle cerca mio, y entregar mi amor por completo. No creía que podría amar así nuevamente, pues el destino se había encargado de arrancarme el corazón y dárselo en charola de plata. Estaba agobiada, cansada de este sufrimiento de no poder estar unida al hombre que amaba. Maldije miles de veces a Julieta, por haberse entrometido, aunque en el fondo sabia que aunque ella no hubiera estado Romeo jamás me hubiera amado como yo le amo. No pude evitar, entristecer al pensar en mi situación, estaba sufriendo en vano, pero aun así me aferraba a un amor no correspondido.

En un abrir y cerrar de ojos habíamos llegado. El bullicio de la ciudad se oía cada vez mas cercano, las personas nos rodeaban y entrabamos a las calles de piedra, causando un diferente sonido en el chasquido de los caballos, y en las ruedas de la carroza. Nos detuvimos, e hice detener a la doncella, diciéndole que esta vez no bajaría, seria algo rápido.. La mire con una sonrisa en los labios, y ella entendió, sin protesta alguna. No necesitábamos tener que hablar, solo las miradas. Me quede mirando el lugar, respirando el aire de la ciudad, un poco cargado, lleno de aromas distintos, cargados de diversión y lujuria. Me quede calmada mientras buscaba una dirección para la cual caminar. Compre algunas cosas, solo una bolsa necesite, no era gran cosa, solo una que otra hierva, panes , queso y un pedazo de salami. Me quede mirando hacia las calles, donde los niños pedían dinero. Me había arrodillado un poco hacia un grupo y les había dado el queso, el pan y el salami. Ese era el único momento donde mi drama se calmaba, mirando sus caras alegres y ojos brillantes me hacían feliz. No cambiaba ese momento por nada. Les di unas cuantas monedas, con la ilusión que las usaran en algo bueno. Los había dejado ya con las caras llenas de alegría, despidiéndose emocionados, mientras me alejaba hasta la carroza. Mire a la doncella, que me miraba con reproche. - Ire a tomar el té, podrías a acompañarme. Dije mientras dejaba las cosas, en la carroza, sonríe mientras la doncella bajaba y me acompañaba despampánate hasta el restaurante, era elegante, y me gustaba no por que lo fuera, si no que tenia un toque de naturaleza, estaba al aire libre, y tenia decoraciones de flores, era demasiado hermoso, y se opacaba el olor a ciudad estando ahí dentro perfumado. Entre al lugar, mientras nos acomodaban a una mesa. Podía ver a la gente pasar, tan cerca. Y me gustaba. Solo deseaba que Romeo apareciera en ese momento, pues era en lo único que pensaba.

Hermione Borromeo

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Mensaje por Charlotte Morgenstern el Mar Ene 17, 2012 8:12 am

"Por favor que se calle"
Suplico interiormente por, no se, ¿Millonésima vez?
Pero no, la maldita institutriz no se calla. Por lo visto el hecho de ser una solterona horrible no la ha amargado lo suficiente como para retirarse a un convento. ¿Que le hubiera costado a papá contratar a una doncella joven y bonita que solo dijera "Si señorita"?
Pero noooo, mi educación es lo primero.
Clavo mi vista en la institutriz, toda vestida de negro. Sigue parloteando sobre no sé qué del orgullo de NeoVerona y la casa Morgenstern.
Hago una mueca. Encima de fea aburrida.

Reprimo un bostezo y me remuevo incómoda en mi vestido nuevo. Es el último regalo de mi padre, un precioso vestido de seda de un azul clarísimo con los hombros al descubierto y la cintura entallada adornada con una lazada en color malva. Bien es verdad que el vestido me ha encandilado desde que papá lo sacó de su caja para mostrármelo pero en ese momento no pensé que podría necesitar huir de mi "maravillosa" tutora.

Un suspiro se me escapa de entre los labios.
Por lo menos he conseguido que papá me deje salir de casa, aunque sea con Miss Absolutamente-Soporífera y un par de guardias armados hasta los dientes que, por cierto, ni siguiera son remotamente guapos.
Odio que me siga tratando como una niña, pero cada vez que voy a decir algo al respecto él pone esa mirada, entre tristeza y añoranza, que dice "Te pareces tanto a tu madre, la echo tanto de menos" y entonces me callo. Me callo porque por muy sobreprotector que pueda ser, es mi padre y le quiero.

Vuelvo a suspirar, y me llevo la mano al cuello donde descansa el corazón de oro rosa y brillantes que un día perteneció a mi madre. Es el típico colgante que los chicos regalan a sus enamoradas, de esos que se abren y muestran una miniatura de los dos. Solo que el mio lleva las de mis padres, cuando estaban enamorados. Una sonrisa se dibuja en mis labios sin querer. Es mi imagen favorita de ellos, pintados sin ninguna otra expresión mas que el amor.

La irritante voz de mi institutriz preguntando "si acaso la estaba escuchando" me saca de mis cavilaciones.
"Es obvio que no escuchaba tus desvaríos, vieja loca"
Me digo a mi misma, pero solo respondo con un "Sí, señora." antes de que ella vuelva a reanudar su interminable parloteo.
El sol está bien alto en el cielo cuando por fin llegamos a la Plaza Central.

Bajo del carruaje ayudada por uno de los guardias y camino sin vacilar entre los puestecillos del mercado antes de que la horrible mujer me persiga con un parasol para evitar exponer al sol mi delicada piel. Me abanico el rostro con suavidad, usualmente eso significaría que estoy disponible aunque no creo que ninguno de estos pueblerinos entienda el complicado lenguaje reservado para las damas de la corte y su amantes. Me inclino en algunos puestos donde se venden especias exóticas venidas de lugares remotos pero apenas no hay nada mas que llame mi atención.... hasta que otra persona más destaca en la multitud.

¿Esa no es Hermione? ¿La chica que siempre iba tras Romeo? Agudizo mi vista por un segundo. Sí, sin lugar a dudas es ella. La recuerdo perfectamente de alguno de los muchos bailes que los Montesco habían dado en el palacio.
Me acerco a ella todo lo rápido que me permite mi traje, ganándome las reprimendas de mi institutriz sobre ello.
-¿Hermione?-
Pregunto sin las tediosas fórmulas de cortesía que debería utilizar por mi rango.
-¡Qué gusto verte!¿Te importa si me uno a tu pequeño almuerzo y charlamos un rato?-
Le dedico la mejor de mis sonrisas consciente de que, por supuesto, me invitará a sentarme con ella.

Charlotte Morgenstern
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