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El encuentro decisivo [Romeo. Benvolio, Cordelia y Antonio]

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El encuentro decisivo [Romeo. Benvolio, Cordelia y Antonio]

Mensaje por Julieta Capuleto el Sáb Ene 14, 2012 3:28 pm

¡Genial! más que perfecto.... por salvar a una chica de ser torturada injustamente por la guardia Montesco, ahora teniamos a toda la flota tras nosotros y no eran tan poquitos como habiamos pensado.... de hecho, eran más guardias de lo que nunca nos habiamos enfrentado, incluso en la epoca en la que Curio era nuestro acompañante.
Miré por encima de mi hombro atraves de mi antifaz negro, mi capa escarlata ondeaba por la velocidad con la que escapabamos... pero esos Lycans nos estaban pisando los talones.
-¡Atonio! ¡Dividámonos!-le grite por encima del griterio de los guardias amenazandonos y rapidamente giré a la izquierda mientras Antonio se introducía en una callejuela a la derecha. Los guardías tambien se dividieron pero la mayoria de ellos se centraron en mi, como si todos se hubieran puesto de acuerdo: ¡Sigan al del disfraz rojo!
Más me sorprendía el hecho de que no lo hubiera visto venir... aunque prefería tener a los guardias encima mio que con Antonio. Me estaba dando ya flato y la luz del sol me estaba debilitando, provocando que mis mandibula punzara alarmantemente al tiempo que la garganta se me resecaba y me pedia un tibio trago de sangre... pero no, primero tenia que huir de alli y buscar refugio antes de que el sol terminara por quemar mi frágil piel... aunque el disfraz del torbellino cubría la mayor parte de mi cuerpo, eso era ventaja.
Cuando pasé por el mercado, una silueta conocida volteo a ver el alboroto y abrió los ojos con sorpresa al verme pero antes de que pudiera reaccionar, la arrastré conmigo al tiempo que los guardías me perseguían.
-Ni digas nada, Cordelia-musite entre leves jadeos, al menos ella estaba en mejor condicion que yo pues no llevaba tiempo corriendo por su vida y expuesta al sol durante tanto tiempo, como yo.
Nos metimos entre una callejuela y seguimos corriendo, despues me desvie entre otra callejuela a la izquierda y así hasta que sentí que los habiamos perdido de vista pero no podía arriesgarme, por lo que segúí corriendo....
Grave error, nos encontramos con una callejuela que rompia el camino abruptamente donde anteriormente habia habido un derrumbe y solo quedaba un precipicio poco alentador... y para el colmo, escuchaba pasos detrás de nosotras.
-¡Maldición!




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Re: El encuentro decisivo [Romeo. Benvolio, Cordelia y Antonio]

Mensaje por Cordelia B. Capuleto el Sáb Ene 14, 2012 8:18 pm

Caminaba con bolsas de compras en mis manos, cuando escuché un alboroto que me hizo girarme, buscando la razón de este y con mirada preocupada también a Julieta, porque tenía un mal presentimiento, donde habia peleas, bien podia estar ella involucrada. Entonces pues, giré, y en efecto, ahí estaba Julieta, corriendo.
No alcancé a decirle nada, me tomó de la mano, haciendo que las bolsas que llevaba se cayeran y su contenido se esparciera por el suelo, apenas pude seguir su paso, varios guardias nos estaban persiguiendo y dandonos alcancé.
—¿Qué....?
Nos metimos entre varios callejones, esquivando a la gente, y saltando los obstaculos que se interponian en nuestro camino. No me detuve y continué su paso para no atrasarnos, de vez en cuando revisaba tras mi hombro, a ver si ya nos habian alcanzado.
Sin darnos cuenta, terminamos en el borde de un precipicio., casi tropiezo, alcé los brazos para mantener el equilibrio, Julieta soltó una maldición, yo me quedé callada, buscando salida por algun lado, pero ya se oian los guardias a pocos metros.



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Re: El encuentro decisivo [Romeo. Benvolio, Cordelia y Antonio]

Mensaje por Benvolio el Sáb Ene 14, 2012 10:20 pm

Benvolio camino, de manera despreocupada entre la gente que disfrutaba de la gran fiesta, en la casa de los montescos. Los nobles bailaban, bebían y comían sin importarles nada mas. Para Benvolio incluso la música era completamente aburrida, y ya comenzaba a detestar ese tipo de reuniones. Pero como parte de la nobleza, era una maldita obligación que debía cumplir.

Chasqueo ligeramente su lengua mientras se aleje, notando a Romeo quien estaba cerca de la ventana. El era su mejor amigo, compañero de travesuras de la infancia. Obviamente disfrutaba mucho hablando con el-¿Aburrido?-Pregunto bebiendo un sorbo de vino, de la copa de cristal la cual traía en su mano derecha.
El joven lobo tenía una sensación extraña, como si sus sentidos le avisaran de algo, y tiempo después un gran escándalo; el cual venia de la plaza central. ¿Que estaría pasando?. Miro a la gente a su alrededor, quienes no se inmutaron ni lo mas mínimo por lo que le pasara al pueblo. Se formo una mueca de disgusto y camino al balcón- iré a curiosear-Le comento a Romeo con una sonoriza, de todos modos la fiesta daba asco y de hecho esperaba que el me acompañara.




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Re: El encuentro decisivo [Romeo. Benvolio, Cordelia y Antonio]

Mensaje por Romeo C. Montesco el Lun Ene 16, 2012 10:25 pm

Desde muy temprano por la mañana había estado con los estúpidos preparativos de una fiesta que daría su familia en el castillo, era algo muy aburrido, siempre se reunían esos burgueses de alta clase y se colocaban a hablar estupideces políticas que a el no le interesaba, incluso aunque formara parte y fuera uno de los herederos al trono le daba muy igual esa clase de cosas con respecto a políticas a diferencia de su amigo Mercurito, en su caso prefería estar mirando el cielo o leyendo alguna obra literaria para pasar el tiempo que duraba esas celebraciones, desde temprano preparaba todo y aprovechaba para dejar algún libro oculto en un sitio estratégico para poder sacarlo luego leerlo como siempre hacía, el libro que había escogido se llamaba la rosa blanca, una hermosa obra literaria de guerra y acción.

Mientras las criadas seguían en sus arreglos el dejó su libro en el sitio que había escogido que era una pequeña mesa que estaba al lado de la ventana más alejada del salón principal el sitio donde se realizaría la fiesta, las horas pasaban todo iba normal los arreglos y el estaba en su habitación con unas costureras haciéndole arreglos al traje que portaría en esa fiesta, en su rostro se notaba aquel fastidio “¿por qué tengo que hacer eso?” Pensaba aun siendo tomado y “manoseado” por esas costureras dándole los últimos ajustes a su traje, al momento que esas costureras terminaran de acomodar su fino traje y se marcharan, procedió a quitarse toda esa “pesada” ropa de encima y acomodarse con una vestimenta más adaptada a la vida hogareña.

Salió de su habitación con dirección a la parte trasera del castillo a un pequeño rosal que se encontraba ahí a esperar que llegara la hora de recibir, anteriormente antes de salir de su habitación había recorrido un pequeño libro de proverbios y pensamientos muy ciertos de los grandes escritores que a el le gustaba leer, incluso de algunos que no tenía ni la más mínima idea, pero a la final eran muy hermosos leerlos, después de mirar unas 10 paginas de aquel libro revisó la de en su pequeño reloj de bolsillo percatándose que estaba muy tarde, ya debía empezar a arreglarse con esa ropa elegante que tanto le molestaba vestir, tsk… que molesto se ponía todo este día, ese día representaría uno de los más aburridos en su calendario del año.

En su cuarto al llegar pateo un pequeño cubo que estaba en el suelo el cual paró hasta debajo de la cama no le había dado mucha importancia a ese objeto solo lo pateó por el gran fastidio que corría en su ser, lentamente se empezó a desvestirse para tomar una ducha en su baño privado, dejaba que el agua fría recorriera su cuerpo para que relajara todas sus tensiones y aplacara su pequeña rabieta entes de que pudiera dar inicio a la celebración que se iba a dar acabo próximamente en el castillo, al salir de su baño solo se limitó a secar su cuerpo completamente y luego dejar la toalla en un tendedero dentro del mismo, obviamente hablando del baño, como estaba en su cuarto no tenía ningún problema de que alguien lo viera, aparte lo había cerrado con seguro, se empezó a vestir y en 30 minutos ya estaba completamente vestido y arreglado para ser uno de los anfitriones de la fiesta.

Salió de su habitación completamente arreglado cuando unas fuertes campanadas sonaron avisando que los invitados habían arribado al lugar, se encontraba bajando las escaleras hasta la recepción cuando se mostraba el primer invitado que recibiría, al igual que su padre, su amigo mercurito y muchos miembros de los que residían en el castillo empezó a saludar y darle la bienvenida a cada uno, hasta que el último en la lista de invitados apareciera, ahora ya que su labor había terminado por los momentos se encaminó hasta donde había dejado su libro, hacía aquella mesita de noche al lado de aquella tranquila y alejada ventana, pero al llegar se llevó la gran sorpresa que nunca se había esperado, su libro no estaba, ahora si que todo se iba a volver muy aburrido… Demonios, esas mucamas….. Bueno hacían su trabajo… Al principio miraba el lado para el, pero a la final miró el otro lado como era típico en su persona.

Se resignó a quedarse mirando la venta con una cara de aburrido y desanimado hasta que alguien que no esperaba a su lado, no porque le disgustaba su presencia, más bien todo lo contrario, su presencia le alegraba sino que no esperaba que lo viera tan lejos del centro de la recepción Si Benvolio, claro que lo estoy al igual que tú Su respuesta fue oportuna, o mejor dicho ocurrió algo oportuno en ese momento porque en la plaza central se empezaban a oír disturbios muy fuertes que desde el castillo se podían ver, al notar que Benvolio había salido por la ventana el obviamente lo siguió, quería salir del lugar y que mejor excusa que dar de que había disturbios Vamos hay que darnos prisa Tomó la delantera dejando a benvolio atrás después de todo el era el más interesado en irse.

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Re: El encuentro decisivo [Romeo. Benvolio, Cordelia y Antonio]

Mensaje por Julieta Capuleto el Mar Ene 17, 2012 2:04 pm

Bien.... más que perfecto..... estaban más de dos docenas de rabiosos Lycans acorralandonos a mí y a Cordelia. Si se trataba de mi, preferia arrojarme al precipicio antes que permitir que esos desgraciados me tocaran un solo pelo pero.... no arriesgaría la vida de Cordelia.
¿En qué estaba pensando al arrastrar a Cordelia? Los Lycans no la ubicaban como amiga del Torbellino... pero todo habia sucedido tan rapido que no pude pensar en eso realmente y la habia arrastrado conmigo cuando ni la debia ni la temia... y ahora.... ahora los lycans la matarian por el puro placer de hacerlo, al ser ella una vampiresa, como yo...
¡Demonios!
Hice un leve ruido con mi garganta al tiempo que mostraba mis colmillos afilados en son de advertencia y sacaba rapidamente mi espada de su empuñadura.... justo en el momento cuando dos lycans atacaban. Bien... por mi mejor.
De un rapido movimiento golpee a uno con la empuñadura de la espalda en la nuca, dejandolo noqueado y gire sobre mi misma para tirarle una patada al otro en la boca dele estomago, despues de eso de un agil brinco me coloque delante de Cordelia en son de proteccion.... cuando todo se comenzo a desmoronar....
Abrí los ojos como plato al tiempo que veia todo en camara lenta.... primero el piso sobre mis pies y despues la nada, un fuerte viento rodeandonos mientras eramos atraidas al derrumbe, muchos metros debajo y con piedras filosas esperando a darnos la bienvenida... sentí un espantoso vacío en el estomago.
-No puede ser.... no puede ser....-susurré mientras trataba de asirme a algo... dejando caer mi espada para tratar de sujetar a cordelia con una mano y con la otra algun borde... algo.... pero nada, solo aire habia sujetado ambos puños. Si yo moría no importaba, pero no me podía perdonar el haber arriesgado la vida de Cordelia... sería solo culpa mía.




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Re: El encuentro decisivo [Romeo. Benvolio, Cordelia y Antonio]

Mensaje por Cordelia B. Capuleto el Mar Ene 17, 2012 2:49 pm

Demasiado rapido sucedia todo, no fui capaz de razonarlo, no esperaba ninguna cosa. De repente corria junto con Julieta, luego, el abismo, donde nos deteniamos, esperando buscar o encontrar alguna otra salida, pero llegaban los Lycans, un intento de lucha... y despues, el vertigo de ir cayendo desde un sitio alto, como el estomago se te contrae, tratas de agarrarte de algo para evitar la caida, pero no hay nada que agarrar, salvo el aire, sintiendo la carne de tu puño vacio.
No supe si grité, busqué la mano de Julieta, miré hacia abajo y terminé de marearme al asombrarme por la altura. Sería una caida que tardaría solo milesimas de segundos más, ¿cómo se sentirian esas piedras puntiagudas? ¿Moriríamos antes de poder lamentarnos del dolor o las heridas?
Cerré los ojos, apretando la mano de Julieta para no tener que estar viendo cuando nuestros cuerpos tocaran el desfigurado suelo.


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Re: El encuentro decisivo [Romeo. Benvolio, Cordelia y Antonio]

Mensaje por Antonio Capuleto el Miér Ene 18, 2012 10:32 am

Ellos poseían un enorme y espeso pelo oscuro, garras peligrosamente afiladas, colmillos asesinos y me estaban persiguiendo. Aunque no era mi único inconveniente, también estaba el sol, el principal enemigo de los vampiros que se encarga de eliminarnos con su poderosa luz. En conclusión mi piel se estaba volviendose polvo mientras tenía unos enormes perros siguiéndome pero en vez de preocuparme yo me estaba divirtiendo a full. Había sido un día emocionante: una chica estaba siendo amenazada por los malvados guardias hasta que aparecimos torbellino rojo y yo, los héroes. Nos enfrentamos valientemente a ellos y logramos que la chica se escape pero empezaron a aparecer más guardias y después más y más hasta que se formo toda una fila entera de soldados y tuvimos que correr a toda velocidad por nuestras vidas. Me estaba divirtiendo mucho en la persecución y no podía parar de reír fuertemente por esa sensación similar a la que uno siente cuando alguien, al que le causaste una travesura, te persigue enojado.
Mientras escapábamos, Odín me dijo que nos dividiéramos así que seguí corriendo por una callejuela a la derecha. Y continué avanzando varias cuadras hasta que me dí vuelta y vi que tenia muy pocos Lycans siguiéndome ahora. La emoción aumentaba porque estaba yo solo con ese montón de guardias y tenía que dar un contragolpe para librarme de ellos. Sabía perfectamente que hacer: Como era amante de las bombas explosivas, porque me divertía al ver la cara de irritación de mis enemigos cuando les estallaba una en cima, llevaba una bolsa llena de ellas. Así que coloque mi mano en ella y saque varias que después lance hacia el cielo y fueron cayendo en la dirección donde se encontraban mis perseguidores.
-¡Tomen eso cara de perros!- Les grite al considerar que era un comentario gracioso tratándose de Lycans.
¡Me cagaba de la risa en la cara de los tontos lobos! No solo que sufrieron quemaduras y chichones al explotarles las bombas en la cara sino que también fueron segados por el humo que provocaron mis “herramientas”, como me gusta llamarlas, y se chocaron los unos con los otros terminando todos en el suelo como una jauría de perros torpes. ¡Ah! Y la mejor parte fue que cuando se apago el humo descubrieron que yo ya no estaba. Ja, ja. ¡Como disfrute ver la cara de enojo que mostraban aquellos perros! Claro que como ellos tenían buen olfato en unos segundos me encontrarían pero yo no estaba pensando en escaparme. Había saltado hacia una ventana para meterme en una oscura habitación del piso de arriba de una casa, no muy lejos de los Lycans. Les estaba apuntando con la resortera y, antes de que se dieran cuenta del lugar en el que me encontraba, uno de los dos ya había sido golpeado por una enorme piedra en el cráneo y estaba en el suelo desmayado.
-¡Ja, ja! ¡Que puntería la que tengo! ¡Por dios!-… Festeje muy animado. Estaba contento por que mi golpe había dado justo en el blanco y de que había usado suficiente fuerza como para derribarlo.
Como varios de los pocos lobos que había ya fueron derrotados por mis bombas, solo me quedaban dos. Así que di un salto por la ventana y aterricé sobre uno de los dos, destruyendo sus huesos con mis pies, ahora solo me quedaba un oponente. Pero antes de continuar quiero contarles que tirarse por una ventana y caer a toda velocidad es lo máximo, nada como el viento golpeando tu rostro mientras caes para después aplastar a tu rival con los pies. ¡Era una magnifica forma de acabar con los enemigos!
Bueno ¿en que estábamos? ¡Ah, si! Me quedaba solo un lobo. Esta había sido una lucha de agilidad, el Lycan se lanzo, con sus garras, hacia mi y yo salte hacía él, cambiando de dirección sus brazos con mis manos para después morder su cuello, destrozando algunos huesos con mis colmillos y logrando asesinarlo para de paso saborear un buen trago de su sangre. El sabor de los Lycans era algo extraño y diferente al de los humanos, pero era interesante y además calmaba mi sed.
Ahora lo que me quedaba era volver a mi casa cuanto antes para que el sol no me mate. Así que salí corriendo hacia mi hogar.

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Re: El encuentro decisivo [Romeo. Benvolio, Cordelia y Antonio]

Mensaje por Benvolio el Jue Ene 19, 2012 9:38 pm

Benvolio miro en dirección donde dijo Romeo, bueno al parecer había una persecución bastante interesante, dado el intenso ruido provocado por los guardias, gritos, cosas romperse y demás.
-¿Que sucederá?-Pregunto curioso ya que a el el le interesaba el pueblo y odiaba como les tenían a todos. Benvolio sentía un fuerte presentimiento, una parte suya le decía que se quede allí en la fiesta, pero conocía sus instintos, una extraña sensación que pocas veces había sentido. No solía ser muy osado, de hecho tenia pensado seguir en la fiesta. Pero el mejor que nadie conocía el carácter de su mejor amigo, y tendría que ir para impedir que haga alguna locura. Así que sin pensarlo salto del balcón junto a su amigo. En el aire mientras caía, fue tomando su forma lobuna a la vez que su ropa desaparecía como por arte de magia.
En su forma de lobo, sus sentidos eran mucho mas fuertes, así que provecho esto, alzando su asico en el aire y olfatear. Muchos guardias y... aromas no conocidos para el, los cuales le causaron mucha intriga y en si uno de ellos le había gustado mucho.
Corrió en sus cuatro patas saltando arriba de mesas, causando bastante escaldado subiéndose y corriendo arriba de techos, saltando de techo en techo. Era muy divertido, aunque se sentía completamente libre Con el viento pasar rápidamente por su pelaje, aunque a la vez se recordaba, a un gato algo lo cual no le agrada, para nada. Giro su rostro para mirar sobre su hombro a romeo correr a su lado, acordándose las veces que se escapaban para hacer travesuras de cachorro.

De momento a otro llegó casi a las afueras de la ciudad, donde el grupo de guardias en forma lobuna, asechaban a un chico y una chica. Gruño en voz audible, el no podía aceptar eso. Se metería en tremendos problemas, pero en el momento no le interesaba, luego se las arreglaría.

Cuando su vista se poso un una pequeña castaña. literalmente su mente se puso en blanco, ¿que me ocurría?. Al ver a ambos caer. Sin pensarlo dos veces, corrió dando un salto al precipicio. Si era un perro loco suicida. Pensó mientras con su asico y patas trato de tomar a la chica la cual gritaba asustada, con cuidado con fin de no dañara con sus dientes y garras. El aroma de ella.. era el que le había agradado tanto... Si, hubiera sido mas fácil protegerla en forma humana, pero seguro que desde esa altura su muerte seria mas segura, aunque estaba dispuesto a todo por protegerla, y no entendía bien la razón del porque. Con sus cuatro patas la abrazo girando dispuesto a recibir el impacto por pequeña castaña




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Re: El encuentro decisivo [Romeo. Benvolio, Cordelia y Antonio]

Mensaje por Romeo C. Montesco el Dom Ene 22, 2012 2:43 pm

Una gran y basta sorpresa se llevó al momento en que Benvolio se transformó en lobo, había prisa pero no era necesario tomar esas medidas tan extremas, bueno el no tomaría esa forma por los momentos, saltaba detrás de el siguiéndole el paso, si era que lo que hacía se le podía decir seguir, se encontraban ambos separados por una distancia de 10 metros, en su forma humana era rápido pero no tanto como en su forma lobuna, mientras corría de techo en techo miraba todos los estragos en la plaza central, puestos de los habitantes destrozados un poco, mientras otro eran de perdida completa, eso era notoriamente trabajo de los guardias, si el los llegaba a ver iba a ser triste para ellos, se las verían feo.

Aunque los estragos que veía en la ciudad no le gustaba, no iba a negar que se sentía realmente bien estar corriendo al aire libre y en una persecución, no cabía duda, era mucho mejor que estar en esa aburrida fiesta de su padre, mientras corría notaba los olores de sus guardias, y de 2 desconocidos, nunca había sentido un aroma familiar, no sabía que especie era, pero algo estaba seguro, no eran humanos comunes y corrientes.

Oyó aquel aullido de Benvolio, era uno de alerta, el solo alcanzó a llegar justo antes de que saltara al precipicio, el también logro ver al chico caer al precipicio, no pensó ni un segundo, no lo premedito 2 veces, solo saltó de una sol vez hacia el precipicio de cabeza, en esa manera por un solo segundo, solo por ese momento cruzó mirada con sus guardias demostrando el desagrado que sentía por causa de lo que acababan de cometer, su velocidad aumentaba constante mente, esperaba llegar al cuerpo contrario antes de que callera de lleno hasta las rocas que se encontraban debajo, también logró mirar a Benvolio el cual había tomado a una chica, vaya al parecer el no pierde atrapar a una chica cuando puede, bueno ya basta de bromas debía centrarse en salvar a ese joven que caía, no iba a dejar que nadie muriera mientras el pudiera evitarlo, y menos por culpa de sus guardias.

Con gran y absoluta suerte lo logró no pensaba que lograría con tanta distancia de las rocas, la inercia hizo que lo atrapara con un brazo apegándolo a su cuerpo, a diferencia de Benvolio que estaba a varios metros de distancia de el, no se iba a poner para recibir de lleno ese fuerte golpe, con astucia transformo solamente en patas su brazo y pierna izquierda, como estaba cerca del borde clavó sus garras en las rocas para reducir de apoco la velocidad que llevaban ambos cuerpos en esa caída libre, el cambio de la velocidad se notaba de a poco, pero no iba a ser suficiente para poder evitar esa caída ni por lo menos el golpe contra las piedras. Demonios, esto esta feo…. Pensaba mirando que cada segundo las rocas estaban más cerca, el golpe era completamente inevitable.

Como estaban cayendo de lado y el chico de ropas rojas y antifaz estaba debajo de su cuerpo sabía que si recibía ese golpe iba a ser su fin o eso pensaba porque lo hacía pasar por un simple humano aunque su olor le decía lo contrario, era mejor prevenir que lamentar una muerte innecesaria y lo peor, entre sus brazos, soltó sus garras de la pared rocosa regresando sus patas en sus pierna y brazo normalmente, de esta forma ajusto ambos brazos en la espalda den contrario, para que ambos pechos estuvieran juntos, no estaban pegados completamente pero si re llegaban a rozar. Cambió las posiciones justo a unos simples segundos antes del impacto, el joven e rojo había quedado sobre su cuerpo, en parte era mala idea, porque el peso del joven aumentaría la fuerza del impacto cuando llegara el momento.

Aunque en su mente estaba dispuesto recibir el golpe, era muy diferente estar mentalizado a recibirlo de verdad, ya que cuando dio el primer golpe contra las rocas el dolor fue punzante, el impacto hizo que su cuerpo saltara y rodara un poco, como en el giro ahora iba a ser el chico quien golpearía volvió a darle giro a su cuerpo para recibir el segundo y así realizo el mismo movimiento de nuevo para recibir el tercer y cuarto impacto, en menos de diez segundos, ahora se dio paso al quinto y último golpe en donde su cuerpo lo detuvo una gran roca.

Estaba algo jadeante mientras miraba al chico sobre su cuerpo, se notaban varios rasguños en su cara, pero esos eran leves a comparación con los que presentaban en el resto de su cuerpo, sus finas ropas estaban rasgadas y en algunas zonas manchadas de su caliente y vital liquido llamado sangre, que aun fluía libremente fuera de su cuerpo, Romeo se preocupaba más por la seguridad del joven que por la propia, sabía que se curaría en unos días quizás una semana completa, en cambio aquel joven no sabía cuanto tiempo estaría dañado. Oye…. ¿Estas… Bien? Jadeaba sintiendo el dolor muy grande en su cuerpo.



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Re: El encuentro decisivo [Romeo. Benvolio, Cordelia y Antonio]

Mensaje por Julieta Capuleto el Dom Ene 22, 2012 8:44 pm

Bien, no me quedaba de otra más que aceptar lo inevitable, por lo que miré el cielo azul por una ultima vez antes de sentir la pequeña mano de Cordelia aferrarse al fin a una de las mias y así lanzar un prolongado suspiro y cerrar los ojos, sin poder evitar sentir aquel nudo apremiante en la garganta que solo me traian nauseas y malestar.
No podía decir que mi vida comenzó a pasar enfrente de mis ojos como siempre solían decir cuando estabas a punto de morir, sin embargo una resignación más cruda de cualquier cosa que hubiera pasado antes en mi vida se instaló en mi corazón como un peso de plomo.
Debería ser yo la unica que sufriera aquella muerte, debería ser yo a la unica que le pusieran flores a una tumba, Cordelia no tenía porque pasar por esto, ¿Porqué no pense en eso antes? claro, no pensaba cuando las cosas ya estaban hechas, y era por eso que Conrad siempre me regañaba, por actuar impulsivamente...
Tragué saliva, tratando de tragarme aquel nudo imposible de pasar. Ya no vería más a Conrad, ni a Curio, ni a Francisco... ni a Antonio. ¿Qué pensaría este ultimo cuando regresara a casa y viera que aun no llegaba? ¿Que pensarian todos cuando descubrieran que habiamos muerto aplastadas contra unas rocas? Sentí como unas cuantas lágrimas escapaban de mis ojos cerrados sin poder evitarlo y entorne los ojos, para ver el cielo una ultima vez al tiempo que aferraba con más fuerza la mano de Cordelia. ¿cuanto tardaríamos en estrellarnos? Tres... cinco segundos, quizas. Sin embargo todo pasaba tan lento como si alguien hubiera colocado un botón de "lento" y lo hubiera oprimido. Daría lo que fuera para que al menos esos cinco segundos de mi vida pasaran rápido y ya no sufrir más con mis pensamientos atormentados. Al menos el cielo era igual de azul que siempre, me alegraba morir de día pues lo ultimo que vería seria el cielo despejado e iluminado por los rayos solares. Irónico, yo, una vampireza que huía del sol ahora agradecía morir y ser eso lo ultimo que veía. Cerré los ojos por ultima y definitiva vez a la espera de aquel dolor... ¿O acaso la diosa sería piadosa con nosotras y no sentiriamos nada? Si se podía escoger, deseaba una muerte rapida... y si teníamos que sufrir y tambien podía escoger, deseaba cargar con todo el dolor de Cordelia ya que yo era la unica que debía sufrir.
Escuché el jadeo de Cordelia y supuse que ella había volteado a ver hacia el precipicio y supuse que quizás las cosas eran peores de lo que yo positivamente trataba de ver, o quizás no... no lo sabía, pero no era lo suficientemente valiente para abrir los ojos y como Cordelia, averiguarlo por mi misma, o quizas no era lo suficiente masoquista como ella...
Sin que pudiera evitarlo, cordelia fue arrebatada de mi mano y ahora fui yo la que solte un jadeo, ¿Donde estaba? ¿Ella se había estrellado primero y por eso se había soltado de mi agarre? ¿Ahora me tocaba a mi? ¿Tendría el tiempo suficiente para abrir los ojos y averiguarlo antes de que se me agotasen mis ultimos segundos de vida? Todo esto cruzó por mi mente en cuestion de fracciones de segundo y abrí los ojos para ver si podía confirmar mis peores sospechas, pero una sombra me obstruyó la vista y me envolvió con sus brazos sin poder así averiguar cual fue realmente de la suerte de mi amiga. Levanté mis ojos levemente humedos por las pocas lagrimas derramadas para ver que era aquella cosa que me envolvía. ¿O acaso estaría ya muerta y ni cuenta me había dado? ¿Esa sombra que me envolvía era la oscuridad de una inconciencia eterna? No... podía sentirla, podía sentir el agradable calor que emanaba de sí y ser trasladado a mi gélida piel, podía sentir la seguridad y proteccion de aquellos... ¿Brazos? Abrí los ojos con más sorpresa al ver de que se trataba, de un Lycan semi-transformado que en ese momento trataba de disminuir la fuerza de gravedad con la friccion, pero era inutil ya que estabamos a unos palmos de ser convertidos en polvo. Al ver que sus intentos eran en vano, se convirtió totalmente en humano y me envolvió con su cuerpo y solo necesite de una fraccion de segundo para darme cuenta de sus proposito.
-¡Espera! ¿Qué estás...?-no habia tiempo para formalidades, no había tiempo para nada. No sabía que Cordelia estaba muerta o viva, y si este era el caso... si duraría mucho tiempo en ese estado, Tampoco iba a permitir que un desconocido diera su vida por mí. ¡Olvidate de mí! ¡Salvala a ella!, todo mi ser clamaba por gritar eso, si alguien iba a ser rescatado, esa no era yo... tenía que ser cordelia, Cordelia era la inocente aquí.-Por favor....
Sentí el primer impacto a través de su cuerpo y mis ojos se quedaron completamente abiertos, deseando poder verlo. Ni si quiera podía gritar, no podía hacer nada pues mi cuerpo estaba completamente paralizado sin poder hacer nada para evitar que aquel ser fuera lastimado una y otra... y otra vez.
Entrecerré los ojos sin poder evitar que más lagrimas escapasen de mis ojos, para mí todo aquello era una tortura, el saber que era responsable no solo ahora de la muerte de Cordelia, si no de aquella persona que tan altruistamente, habia saltado para salvarme.
Cuando al fin dejamos de girar, separé mi rostro de su cuello percatandome por primera vez que habia hecho para poder ahogar un grito de total frustracion contra su calida piel. Había resultado con unas cuantos rasguños, juego de niños al ver como había terminado mi salvados y sin poder evitarlo, le golpee en el hombro con mi puño tratando de sacar toda mi rabia, dolor y frustración cuando le escuché musitarme si me encontraba bien.
-¡¿En que estabas pensando?!-le grité sin aguardar apariencias, olvidandome por un momento que mi papel era el de torbellino rojo y comportandome como la persona que era, Julieta-¡¿Porqué arriesgaste tu vida por mi?!-el ver sus ojos azules mirarme con aquel brillo de alivio hizo que mi corazon se desgarrara por lo que cerre mis ojos con fuerza, provocando que las lágrimas se derramaran por debajo de mi antifaz hasta mis pálidas mejillas, tambien apreté mis puños por encima de su pecho, la unica parte de su cuerpo que no había resultado herida-¿Porqué...?-susurré con un leve sollozo, con mi cuerpo tembloroso por más que quería guardar la compostura.
Aquel no era momento para dejarme llevar por el shock, tenía que saber qué habia sido de Cordelia, tratar de ver si podía localizarla... pero el miedo me paralizo por lo que no pude moverme si quiera. ¿Y si ella realmente habia muerto...? No podía ver su cuerpo destrozado, no podía animarme a abrir los ojos y girar el rostro para verlo, y apesar de saber que el joven estaba muy mal herido y que mi peso solo lo estaba lastimando, apesar de eso no podía moverme ni un solo centimetro, el miedo y el temor junto con la culpabilidad no me lo permitían.
Pero todas aquellas emociones rapidamente se fueron eliminadas de mi mente al oler aquel aroma tan familiar para mí y que me provocaba una reaccion embriagadora, nublandome todos los sentidos y apoderandose de todo el control de mi mente y dejandome totalmente en blanco.
Abrí los ojos nuevamente, con pequeñas lagrimas atrapadas entre mis oscuras pestañas, y mire al joven directamente al rostro mientras que mis pupilas se dilataban y la garganta se me resacaba, comenzando a sentir una sed incontrolable. ¿Cuantos días tenía que no bebía de aquel vitasl líquido rojo? Cuatro... cinco días, ¿Quizás? Y el desperdiciaba aquel liquido que era tan necesario para mí, emanando de sus heridas y dejandolo fluir tan libremente por su cuerpo y las rocas...
-Sangre...-susurré, con temor y ansiedad. Mis instintos me decían que reclamara aquella sustancia como mía, pero mi conciencia me instaba a controlarme, no podía ni si quiera lamerlo, por el temor de perder la razon y mordelo y matandolo así, si es que aun tenía alguna oportunidad de vivir...pero aún así, mis encias punzaban y mis colmillos crecieron por un acto reflejo y se asomaron a traves de mis labios con voluntad propia-hueles a sangre...Ya nada importaba, el hecho de que aquel joven hubiera arriesgado su vida por mi y que quizas iba a morir por eso, que cordelia quizás estaba en la misma situacion del joven y que quizas necesitaba ayuda para no perder la vida.... nada de eso importaba, lo unico que deseaba era saciar mi sed... estaba tan cercano, tan lleno de sangre, con un aroma más haya de lo delicioso para poderlo ignorar, lo tenía tan facil, lo debía acercarme unos cuantos centimetros para poder encajar mis afilados colmillos en su yugular y así permitir que la sangre se derramara y fluyera a traves de su herida hasta mi garganta seca para poder ponerle fin a aquella angustiosa situación... me incliné un poco hacia él, con mis labios casi rozandole su cuello...
-¡No!-me aparte del joven con brusquedad y me cubri la nariz y boca con mi mano, tratando de ignorar el olor y de mantener la poca cordura que me quedaba mientras lo miraba, yo estando de pie a pocos centimetros de su maltrecho cuerpo, respirando agitadamente y temblando mientras luchaba contra las convulciones de mi estado febril por la sed mientras el estaba tirado entre las rocas, bañado en su propia sangre.... respiré por la boca para no seguir oliendo, pues incluso podía sentir el sabor salado de la sangre en mi boca de tanta que había regada en el lugar y apesar de que deseaba su sangre como jamas habia deseado nada en mi vida, no podía apartar mi mirada no de su sangre, si no de aquellos ojos de un azul intenso que me habian dejado totalmente cautivada, y no precisamente por la sed que tenía y porque lo viera como mi posible almuerzo. El tiempo se detuvo, solo estabamos nosotros dos y nadie más....¿Qué era lo que estaba pasando?




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Re: El encuentro decisivo [Romeo. Benvolio, Cordelia y Antonio]

Mensaje por Cordelia B. Capuleto el Mar Ene 24, 2012 12:45 pm

Las cosas pasaban demasiado rapido para que pudiera entenderlas o aceptarlas. Cerré los ojos luego de contemplar el gritesco paisaje que me esperaría al terminar la caida. Más que la muerte, lo que me aterraba era pensar que no muriera y sufriera por más tiempo hasta, ahora si, despedirme desangrada de este mundo. La muerte instantanea nunca se me antojó tan tentadora.

El vertígo que sentía en el estomago se estaba volviendo insoportable, como si mis tripas u organos ya estuviesen en el suelo, solo esperandome ahí abajo para juntarse, y luego dejar de servir. Muchos pensamientos se arremolinaban en mi cabeza, ninguno con un sentido verdadero, varios recuerdos, emociones, preguntas, respuestas...nunca creí que acabaría mis días así, curiosamente.

Fue entonces, cuando algo me atrapó antes que la muerte. La caida todavía no acababa, vi que alguién saltó, cubriendo por un segundo lo intenso del sol, pero solo vi una sombra, no estaba lo suficienemente concentrada para poder averiguar de quien o qué era. Me cubrío con sus brazos el cuerpo, la manera tan acelerada en que latía mi corazón no se debía al cercano contacto con la otra vida, se debía al contacto de él, quien estaba protegiendome de la muerte, quiza, entregando su vida a cambio.

Se trataba de un Lycan, que hacía lo posible por salvarme: —Vete—dije, reconociendolo o creyendo reconocerlo. Tal vez, tan cerca de la muerte me encontraba que ahora hasta las visiones estaban presentes en la cabeza para que mi último respiro, el último segundo de existencía, lo creyera hermoso, antes de estrellarme y terminar echa polvo.
Visión o no, no lo quería ahí, porque, a pesar de que su cuerpo y presencia me daban una seguridad y protección invaluables, no podía permitirme que él saliera lastimado cuando todo esto lo había preparado el destino para mí, no para él.

Aun alcanzaba a irse a otro lado, quería que se fuera, que me dejara sola, apesar de desearlo a mi lado. No supe si me abrazaba más de él o trataba de alejarlo de mí.

La caida acabó, vi como él recibía el golpe que debió pertenecerme, su dolor debía ser mio.



Ophelia{Te reto a que vayas por alguna calle gritándo que eres una Montesco xD}

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Re: El encuentro decisivo [Romeo. Benvolio, Cordelia y Antonio]

Mensaje por Romeo C. Montesco el Dom Ene 29, 2012 10:59 pm

Claro, aunque había dicho esas palaras a la chica, lo logó hacer con su suave y ultimo hálito ya que después de que eso pasara, sus ojos se habían nublado, todo lo que veía era un negro fondo que hacía parecer que el cielo de la tarde fuera el de las hermosas noches de neo verona, aunque se preocupaba por el chico más que por sí mismo tenía algo de temor de que ese fuera su fin, si así era que iba a pasar, que sería de Neo verona, no podía dejar que cayera en manos de su injusto padre, no podía morir en ese momento, nunca iba a morir, para el morir tiene que ser de una manera noble y justa, si iba a morir sería libertando a Neo verona de su padre… Si, una manera noble de morir, pero si por mala suerte ese era su final, también fue algo noble, moriría para salvar la vida de otra persona….

Aun mientras el chico seguía sin reaccionar por su mente pasaba la imagen de Benvolio, se preguntaba en lo último de conciencia, o mejor dicho de sus sentidos bien puesto ¿Qué le había pasado?, ¿Estaba bien?, ¿estaba vivo o muerto?, no lo podía saber había perdido la visibilidad de su amigo porque habían caído algo lejos, pero algo que si estaba seguro era que el había sido tan noble como el, había salvado a la chica compañera de aquel joven de rojo que acompañaba a el… Maldición, su cuerpo desde que cayó al suelo no había sentido ningún dolor, solo lo sentía completamente adormecido, ahora todo era insoportable, cada célula de su cuerpo temblaba por el dolor, quería soltar un desgarrador grito de dolor pero no, no podía decir nada, ni gritar, y no obstante a eso ahora no podía oír, un chillido empezó a invadir su oído y justo cuando el chico empezaba a hablar y quejarse de lo que había hecho, o eso era lo que presumía porque entre su vista nublada algo que podía verle eran los labios, y se los leía parcialmente pero no obstante de medio leérselos se los observaba y vamos, no se lo iba a negar se le veían muy lindos para ser un chico.

Vaya en que demonios estaba pensando, ese golpe le debió haber afectado mucho su habilidad de pensar, o al menos le había movido el cerebro muy fuerte como para despertar ese gusto en el, estaba muy bonito su estado, excelente, por lo menos su olfato no le fallaba mucho, podía captar varios olores, un poco de sangre, unas flores a lo lejos, el olor salado de las lagrimas, el olor de los atónitos guardias que estaban en la orilla del precipicio, y de ellos eran varios olores que se desprendía, pero de tantos olores no captaba el olor de Benvolio, ni de la otra chica, y era a los que buscaba para poder tener un punto de referencia para poder decirle al chico en donde ir a buscar tanto a su amiga, como a su mejor amigo, para ese fenómeno había una gran explicación… ¿Cuál era?.... Simple había un fuerte olor que le hacía interferencia en su olfato, y no, no era la sangre que su cuerpo emanaba, ni el mismo sabía que estaba en ese estado sangrante, la interferencia era el embriagador olor que emanaba el chico de traje roja y antifaz negro, tenía un ojos de una chica, tenía un embriagador olor femenino a pesar de que vistiera como un chico y todas esas cosas.

Ahora si, ahora empezaba a oler sangre, era gracias a su subconsciente, el no se había percatado de eso, y no fue porque el chico dijo “sangre” y tras un tiempo “hueles a sangre”, justo ahí fue que el olor empezó a ser captado, y como acto de reflejo se empezó a mirar su cuerpo y efectivamente, sus ropas se encontraban rasgadas y bañadas de un liquido carmesí que por lo que pudo notar para su acompañante sería muy gustoso, antes de que le apartara la mirada para verse el mismo notó los colmillos que de entre sus delicados labios se podían ser visible, el era un vampiro, claro estaba a el no le importaba, podría ser que sus razas fueran enemigas mortales y juradas, pero el no seguía esas costumbres, luego de examinar su moribundo cuerpo, volvió a mirar a su acompañante, lo buscaba porque ya no estaba en el lugar de antes, estaba sobre su cuerpo ahora, sabía cuales eran esas intensiones, sabía porque estaba así, quería morderlo, quería volverlo su alimento, claro si el estaba en ese estado tan deplorable ¿Por qué no darle más vida a otro que necesitaba de el?, Sutilmente movía su cuello para que se acerca y saciara sus ganas, pero en cambio de eso recibió algo que no esperaba recibir, aquel vampiro se había denegado de beber de el, no sabía que era eso ¿Pena hacia el ó tenía una gran fuerza de voluntad? En verdad no podía distinguir, pero si podía hacer era verlo a los ojos como se centraban en los propios sin moverse, sin desviarse en ningún instante, no se entendía el porque lo hacía pero no le molestaba para nada que lo hiciera.

Mientras el tiempo parecía estar detenido para ambos, porque ninguno de los 2 se movía, el no porque o quisiera, sino porque su cuerpo se lo impedía sus sentidos no estaban bien puestos y cada musculo y tendón de su cuerpo le dolía de manera descomunal, si seguía así se iba a desmoronar completamente e iba a perder el conocimiento, y no era momento para que pasara eso, tenía cosas que hacer, entre ellas tenía que buscar a Benvolio y ayudar a su compañero a buscar a quien pensaba que era su amiga o una conocida que se había encontrado en el camino y la ayudaba a escaparse de los guardias porque estaban aprisionados ambos en ese callejón, un mundo de posibilidades, pero en si su prioridad era encontrarlos a ambos.

Su agitada respiración estaba mucho más calmada, su cuerpo se empezaba a relajar lo que hacía que los punzantes dolores que recibía por cuentas de las múltiples cortadas y traumatismos en su cuero entero se empezaba a disminuir, no del todo pero si eran menores, tanto como para no bloquear su mente y sus sentidos como lo hacían anteriormente, que ni podía ver, ahora su vista era más clara, solo que estaba algo borrosa por la perdida de sangre, era normal que eso pasara, aquel pito en su oído que lo mantenía completamente sordo y atormentado se empezaba a desaparecer y el le daba gracias a dios de que así pasara, el chillido lo tenía loco, aturdido e ido, pensaba en que las cosas mejoraban de a poco, esperaba que Benvolio estuviera en mejor estado que el, o que sus heridas fueran menores así pudiera estar mejor que el, y como siempre preocupándose más por los demás que por el mismo, el era así que se podía hacer.

Con su cuerpo mejor, con un cuerpo en “Mejor” estado, ya que así era como se le podía decir así, empezaba a hacer el intento de levantarse, comenzando por su torso adolorido y muy golpeado, podía decir que tenía una costilla rota porque de el lado que se comenzaba a levantar, de ese costado un dolor muy punzante sentía. Ah… Ah…. Arg….. El dolor fue tanto que se quejaba del mismo, ya empezaba a darse cuenta del precio que tuvo que pagar para salvar la vida de otro, solo esperaba que si se llegaba a recuperar pronto de esto sería un milagro, ya la semana que tenía pensado iban a ser “las semanas” y claro eso si tenía suerte de que su recuperación fuera rápida, luego de un largo y angustioso minuto de intentar levantarse del suelo y colocarse de pie, ahora sus piernas le fallaban y empezaban a temblarle, Demonios, la perdida de sangre me afecta Pensaba al momento en que sus piernas terminaron de fallar y se desplomo hacia atrás, por suerte para el estaba una gran roca plana, aquella misma que detuvo el seguir rodando cuesta abajo, todavía estaba de pie, solo con la espalda recostada de la susodicha roca.

Nuevamente aquella respiración que una vez se había calmado un poco se volvía una muy agitada e inconstante, ahora nuevamente su pecho empezó a doler, y su visión se volvió un poco más borrosa, pero nada que le impidiera mirar exactamente por donde iba y distinguir las cosas en donde estaban Maldición…. No… Pensé… que fuera… Tanto… Susurraba para el mismo, pero al final de cuentas fue lo suficientemente fuerte como para que aquel joven lo oyera, no le molestaba tampoco que lo hiciera aunque si no quería que oyera su palabrota, pero no se podía hacer el inocente, puesto que no lo era, pero no conocía muy bien a ese chico como para demostrar una faceta como esa.

Lentamente se empezó a separar de la roca, sus prendas ensangrentadas se pegaban a la misma un poco por el hecho de que la sangre se coagulaba en la misma dejando también una gran mancha que era prácticamente su espalda completa de sangre en la roca, esa zona fue la más afectada de todas ya que ahí recibió cada fuerte golpe contra las rocas, usando su fuerza de voluntad y el resto de fuerzas de su cuerpo, las fuerzas que el dolor punzante no le había quitado todavía se encaminó a joven de rojo que se encontraba al frente a unos pocos metros, esperaba que no le huyera, o por lo menos actuar rápido para que eso no pasara, aunque su paso era firme y constante, en algunos tramos su rodillas flaqueaban y se torcían un poco provocando que su cuerpo se doblara e inclinara hacia adelante, casi como si se fuera a desmoronar contra el suelo, y eso era cuestión de tiempo para que pasara, aun seguía caminando hacia el hasta que al fin, aquello que era cuestión de tiempo pasó, sus piernas se terminaron de desmoronar, pero no por falta de fuerzas, sino porque tropezó contra una roca, su cuerpo cayó pero por su suerte estaba lo suficientemente cerca como para que se apoyara con sus manos en los hombros contrarios y mantener se de pie.

En esa misma postura se quedaba mirando al joven directamente a los ojos, a través de aquel oscuro antifaz podía cautivarse con aquellos ojos de color jade, ahora quedando atrapado no solo por el embriagante olor que de el se emanaba sino por sus ojos también, ¿Qué demonios estaba pasando?, estaba cautivado por esa persona a la cual había salvado sin saber porque, pero en si sabía algo que era que en su estado debía tomar una decisión, era ese chico o el, se notaba que necesitaba de su sangre, y que si el no se la daba quizás no iba a vivir más allá de ese día, o por lo menos eso notaba el, con determinación en su mirada y con dolor de saber que era lo que iba a pasar dijo Toma… Mi sangre….. Has de mí tu alimento…. Ladeo su cuello mostrando su disposición olvidándose por competo del olor que emanaba, de aquellos ojos, solo se preocupaba por salvar su vida completamente, una decisión noble para el, quizás tonta para el contrario.



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Re: El encuentro decisivo [Romeo. Benvolio, Cordelia y Antonio]

Mensaje por Julieta Capuleto el Sáb Feb 04, 2012 3:27 pm

Aún seguía mirandolo a los ojos cuando este comenzó a incorporarse lentamente. Extendí ambos brazos en un acto reflejo para impedirle que se moviera sin embargo me quede a medio camino, aun con los ojos abiertos por el panico y por las ansias de su sangre, que poco a poco resbalaba de las rocas hacia mis pies.
-Esper....-me interrumpi abruptamente cuando vi que el chico cayó de espaldas sobre la roca plana y comenzó a jadear y a murmurar maldiciones. Era logico, debería estar sintiendo un dolor terrible... pero que era lo que pretendia al moverse de esa manera? Se notaba a leguas, por sus ropas de galas y por su raza que se trataba de un noble, porque no rayos esperaba a que uno de los guardias bajara a por el? Y fue cuando la verdad me golpeo como un relampago
Quizas el chico no le quedaba mucho de vida
Mis ojos se entornaron mientras las lagrimas salian con renovada fuerza, esto no podia estar pasando; el chico no podía morir, Escalus no podia ser tan injusta. Cierto era que el joven no era nada mio, hasta este dia apenas lo conocia y se trataba de una raza enemiga. Pero lo mismo iba para el, yo no le era conocida y tambien era su enemiga.... pero aun así se habia arrojado para salvarme. Y yo no podía evitar sentir aquella presión sobre mi pecho que me quemaba y que era infinitamente mas cruel que el ardor en mi garganta por la sed. Ese chico ahora era parte de mi, algo que no entendia y que en esos momentos no deseaba analizar, pero si el se moría yo lo haría con el, porque la que debio morir fui yo, no el
La suerte de Cordelia pasó a otro plano, lo que me importaba en esos momentos, o lo que siempre estaba presente en mi cabeza haciendo que olvidara todo lo demas en aquel mismo instante era el joven lycan de ojos cautivadores y de sangre espesa y con un aroma delicioso, a pesar de ser un simple y vil perro como cualquier lycan.
No, no era un simple perro... era un noble, lo cual me llevaba a preguntarme: ¿Que hacia un noble salvando a dos alborotadoras?
¡Al Torbellino Rojo nada mas y nada menos!
-¿Que haces?-pregunte con un respingo al tiempo que veia como se volvia a incorporar y caminaba para conmigo e instintivamente di un par de pasos para atras, haciendo la distancia entre nosotros más larga. ¿Que el idiota no comprendia que si seguia acercandose no me controlaria? Pero al parecer no lo comprendia, pues seguia caminando para conmigo y yo me tope con otra enorme roca, impidiendome el seguir retrocediendo y dejandome totalmente a su merced. ¿Debía huir? No... no podia dejarlo solo.
-¡Ey!
El joven se tropezó y se sostuvo de mis hombros y yo extendi mis brazos para sujetarlo de los brazos e impedir que se cayera, nuestras miradas se cruzaron y ninguno de los dos pudo separar ya la mirada del otro. Sus ojos eran de un intenso color azul con leves motas plateadas en ellos... eran tan intensos.. tan expresivos.... Tragué saliva al tiempo que analizaba de un rapido vistazo las demas facciones de su rostro. Tenia una nariz un poco torcida en el puente, demostrando que se la habia roto tiempo atras y que esa herida no habia soldado del todo bien, sus pomulos eran un tanto elevados lo cual hacia resaltar sus bellos ojos enmarcados por unas pobladas pestañas claras y sus labios.... sus labios eran insitantes y totalmente carnosos; sencillamente el rostro de un gran noble. Volví a mirar sus ojos que demostraban sabiduría y me deje empapar por esa intensa y arrasadora mirada azulada.
-¿Qué?-mi voz solo fue un simple susurro cuando escuche su embriagadora voz masculina, sin entender del todo lo que queria decirme, pero desvio su rostro hacia un lado y dejo al descubierto su cuello y en ese momento entendi perfectamente lo que me queria decir. Y la sed que habia quedado apaciguada regreso con renovada fuerza, haciendo que mis pupilas se dilataran y mis colmillos punzaran nuevamente, sobresaliendo de mi labio inferior. La garganta estaba totalmente seca y el aroma a sangre volvio a penetrar en mi olfato. Tenia sed y ya no me podia contener-No porfavor...-cerre los ojos, tratando de esquivar aquella tentadora vision de su vena punzante pero esta quedo grabada en mi memoria por lo que instintivamente me incline sobre la tersa piel del hueco de su cuello aun con los ojos cerrados, sabiendo a ciencia cierta donde se encontraba su vena. Pase mi lengua lentamente por su piel. Sabía a sal y un tanto a metal y sin saber porque, su sabor me dejo totalmente cautivada. Los colmillos volvieron a punzar y entrebrí mis labios para dejarles espacio y cuando tuvieron contacto con la piel de este, sencillamente no pude contenerme: se los clave con inusitada fuerza al tiempo que sentia la sangre emanar de la vena y llenarme de calidez mis labios y boca. Baje mis brazos y lo abrace con fuerza por la cintura, pegandolo mas a mi al tiempo que bebía con fiereza, con los ojos fuertemente cerrados. Mi mente me decia que no bebiera, que le mataría si seguia haciendolo pero mi instinto y mi sed me instaban a seguir tragando de aquella sangre, la más deliciosa que hubiera provado en toda mi vida.
Y fue cuando todo se volvio patas arriba, mi mente hizo contacto con su mente y sentimientos, algo que jamas me habia pasado en mi vida y provocando que tuviera vertigo: muchos sentimientos totalmente ajenos a mi me invadieron: confusion, ansiedad y bondad.... todo aquello se desbordaba de su mente como su sangre en mis labios.
Instintivamente me separe de el, totalmente temerosa y confundida por lo que habia pasado y le mire al rostro, con mis manos levemente temblosas y con las comisuras de mis labios manchadas en su sangre. Solo habia tomado un par de tragos de su sangre pero esta ya me habia fortalizado mi voluntad y mi cuerpo.... pero aunque mi sed se habia calmado un tanto, su sangre era totalmente adictiva para mi que una parte clamaba por mas.... totalmente insaciable. Volví a inclinarme sin pensarmelo lista para seguir bebiendo pero en cambio, solo pase tiernamente mis labios y lengua por las dos perforaciones que le habian dejado mis colmillos en su piel y se las cerre con mi saliva para despues incorporarme y mirarle de nuevo a los ojos, sin soltarlo aun.
No sabia que hacer, por un lado ya me sentia bien, su sangre; aunque poca, me habia ayudado a aclarar mis pensamientos y apaciguar mi necesidad de sed, pero su sabor aun permanecia en mi boca y me instaba a beber mas, a probar mas de su sangre como si fuera una droga. Y el hecho de que todo el lugar tuviera su aroma no ayudaba en nada. Pase mi lengua por el contorno de mis labios, limpiandolos y a la vez saboreando la poca sangre que aun tenian.
Y antes de que mis colmillos, que ya estaban retraidos y que pugnaban por crecer de nuevo, aparecieran; acerque mis labios a los suyos y los bese con delicadeza, tratando de mantener mi mente apartada de su sangre y centrandome ahora en un nuevo sabor: el de sus carnosos y tersos labios....




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Re: El encuentro decisivo [Romeo. Benvolio, Cordelia y Antonio]

Mensaje por Romeo C. Montesco el Dom Feb 05, 2012 2:41 am

Aquellas suaves palabras con un tono femenino lo empezaron a confundir no sabía que era lo que pasaba si era que el estaba alucinando o acaso escuchaba la realidad, aquellas palabras que se negaban a su petición, que se negaban a tomar de su espesa sangre que tan voluntariamente le otorgaba cediéndole así su vida, o más bien lo que restaba de ella, en ese estado sabía que no iba a salir vivo de esa, los guardias de arriba seguro habían huido, quien no lo haría después del imponente aullido de un noble como Benvolio, y aparte esa mirada fulminante que le dejó mientras se lanzaba, aun analizando la situación, aunque no sabía como había pasado a pensar en sus guardias después de estar pensando en ese confuso tono de voz de su contrario, después de todo eso sintió los roces de los labios ajeno contra su piel, aquel suave roce que daba el preámbulo a lo que iba a suceder, al parecer el o ella se había decidido a tomar y degustarse con su sangre noble, en ese momento su cuerpo se tensó, no deseaba morir pero a la vez si deseaba hacerlo para darle más vida a esa persona de enfrente.

Al momento en que los colmillos de aquel vampiro empezaron a hincarse en su moribundo cuello comenzó a temblar todo su cuerpo, por el miedo, por el dolor, pero también por una extraña sensación placentera y muy extraña que causaba aparte de los colmillos en su piel, también lo causaba el sentir como su sangre fluía fuera de su vena para darle vida a otro ser que lo necesitaba, mientras su sangre era drenada, el dolor se empezó a ir y por inercia como en ser contrario lo abrazaba el hacía lo mismo, su subconsciente le hacía realizar dichas acciones, al no sentir más dolor sabía que el momento estaba pasando,, su cuerpo por la falta de sangre estaba comenzando a perder sensibilidad antes de dar paso a lo inevitable que era su muerte, empezaba a pensar en todo lo que había vivido como un ser noble y puro, en verdad no se arrepentía de nada de aquellas cosas que había hecho, en fin en pocas palabras había vivido muy bien desde niño hasta la fecha en la que estaba.

Repentinamente el vampiro se separó de el, el sorprendido quedó mirándolo a los ojos a través de su antifaz luego de que le pasara la lengua para sellarle la herida, nuevamente perdiéndose en los ojos de aquel ser, eran realmente preciosos volvía a recalcar esos rasgos del ser contrario, pero aunque estuviera perdido en los ojos contrarios podía notar cada acción que el mismo realizaba, como por ejemplo la última que pudo notar fue como se relamía los labios para limpiarse la sangre que se los manchaba, después de eso el, Romeo Montesco se llevó una gran sorpresa, al ver como el rostro del contrario se acercaba al suyos y como su cuerpo no respondía solo podía ver atónito como terminaba por juntar sus labios con los propios, sus ojos parecían 2 platos de los grandes que se encontraban, un chico lo estaba besando, y entre todo eso había algo más inquietante, le estaba gustando el beso que se estaba llevando a cabo, sentía unos suaves y tersos labios que rosaban con los suyos mientras que el abrazaba más el cuerpo contrario.

¿Pero que demonios pasa…? ¿Por qué me esta gustando el beso de un chico? ¿Qué me está pasando? Todas estas preguntas rondaron por su mente mientras todavía seguía el contacto labio-labio, claro ese beso no iba ser eterno, ambos tenían que respirar, y en ese momento en que el oxígeno se estaba acabando a ambos, romeo fue el partidario de la separación, su movimiento fue primero con la cabeza, separando ambos rostros, pero después en un tonto intento de alejar al otro lo empujó con sus pocas fuerzas, pero claro olvidaba que esa persona estaba con la espalda a una pared estaba aprisionada contra una pared y en un efecto rebote el fue el repelido hacía atrás, en busca de algo en que sostenerse para no caer le arrebató el sombrero que llevaba puesto y junto a el la peluca que sostenía su cabello, el por mucha suerte solo dio unos tambaleantes pasos hacía atrás que dando con la mirada hacia el suelo. ¿por qué me besas….. No logró terminar de decir besaste porque se había sorprendido, en sus manos tenía el sombrero del chico, eso lo sabía había estado muy seguro que lo había tomado, pero con su mirada baja y dirigida hacia el sombrero,, en el suelo se podía notar algo extraño, un ente que no debería estar ahí, lo que veía era una peluca, una peluca que simulaba el cabello de un hombre, el estaba seguro que no usaba peluca y por e lugar donde estaba podía decir con un 100% de seguridad que esa peluca le pertenecía al contrario.

Np quería alzar la mirada, en ese momento sentía algo de temor a los desconocido que podía traerle el mirar lo que ocultaba esa peluca, pero al mismo tiempo que sentía pavor sentía curiosidad de saber el ¿Por qué? Quería saber el porque usaba una peluca que parecía un cabello de hombre, ¿Sería para ocultar una calva? ¿Ó quizás algo más serio? SI al principio estaba confundido por el beso imagínense como estaría el pobre ahora, ya no sabía que hacer en ese momento, un momento después, no más de un par de segundos, tiempo que no le iba a dar al joven de reaccionar, el, subió la mirada para poder mirarlo a los ojos, y al hacerlo cual fue su sorpresa, no era el, era ella, la delataba su ahora visible y frondosa cabellera castaña, ya todo el poco entendimiento que tenía de la situación se había ido al caño, ahora si que realmente estaba confundido porque ahora resulta ser que el chico que salvó, que después descubrió que era un vampiro y posteriormente a que bebiera su sangre lo besó, no resultó ser un chico sino una chica, ya todo su razonamiento se fue al caño.

Lentamente caminó hacía la chica los pasos que había retrocedido pero ahora quedando mirándola de frente algo tambaleante y débil. ¿Por…. Qué....? ¿Por qué no me dijiste que era…. Una chica? La razón del porqué preguntaba eso no era para que se hubiese sentido más a gusto con el beso, claro que no, la razón era porque si lo hubiese sabido antes no la hubiese comprometido tanto con su ser, de todos modos estaba contento de darle su sangre para salvarla, pero no lo hubiese hecho tan insistentemente si hubiese sabido que era una chica, aunque ahora replanteándose la situación bien, que no le hubiese dicho que era una mujer tuvo sus cosas buenas y sus cosas malas, con algo de esfuerzo y lentitud alzó sus manos y las posó sobre las mejillas de la joven, no precisamente para acariciárselas, lo hizo para removerle el antifaz que ella poseía, no sabía las consecuencias que esto conllevaba pero fuera cual fuera la tomaría. No ocultes…. Tú hermoso… rostro Jadeaba un poco diciendo esas palabras, estaba ya muy débil, y al final se lo demostró desplomándose aun consciente sobre los hombros femeninos, Señorita….. Dígame su nombre….. El mío es… Romeo Montesco Esas fueron sus ultimas palabras, no por haber caído inconsciente, sino porque intentaba hablar y no podía, tenía, no, mejor dicho, sentía un nudo en su garganta que con suerte le permitía respirar, esperaba que la chica le respondiera, aunque estuviera moribundo eso no le quitaba lo caballero que era.



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Re: El encuentro decisivo [Romeo. Benvolio, Cordelia y Antonio]

Mensaje por Benvolio el Dom Feb 05, 2012 11:38 pm

Desde pequeño el joven lican no le había agradado mucho lo extremo. Tenia que aceptar que la adrenalina era excitante. Pero sentirse tan cerca de la muerte, no lo era tanto.
Por su mente se destello rápidamente toda su vida. Si, moriría sin duda. No encontraba otra respuesta; pero era el destino que el mismo había elegido. Sacrificar su vida por un impulso, algo que no lograba entender, por una persona que no conocía y que probablemente le odiaba.
La hermosa vampiresa le hablo, el trato de respondele, pero salieron en forma de gruñidos suaves a causa de su forma lobuna.

A pesar de que indudablemente estaba por morir. Benvolio se sentía en completa paz consigo mismo. El aroma de la joven, su voz. Cada parte de ella lo tranquilizaba.

De momento a otro callo de lleno. Y luego de revivir el impacto por la chica. La soltó tratando de rodar para disminuir un poco el daño. Pero no fue así. Aunque sentía que la adrenalina, disminuía su dolor; este rea tan fuerte que no encontraba palabra para describirlo. ¿Cuantos huesos se habría roto? Probablemente muchos.
Gruñendo fuerte tratando de suprimir ese dolor. Cambio su forma a la de un humano.
Solo cubierto con unos pantalones. Su concentración no había sido lo suficiente para invocar mas ropa a su cuerpo.

-¿Te encuentras bien?-Pregunto, apretando los dientes. Mostrando preocupación por la chica, aunque su estado era pésimo. Como cachorro que merecía ser sacrificado para no sufrir. Aunque aun así no se rendiría tan fácil. Ademas le interesaba saber si ella estaba bien.




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Re: El encuentro decisivo [Romeo. Benvolio, Cordelia y Antonio]

Mensaje por Cordelia B. Capuleto el Lun Feb 06, 2012 2:03 pm

Cuando cambió su forma a humano, aun no dejó de sujetarme. Quise golpearlo y luego sanar sus heridas. Le dije claramente que se fuera, ya me había resignado a la muerte, pero si odiaba algo de verdad, era meter a las personas en aprietos que deberían ser solo míos, de nadie más, detestaba que alguien se llevara... eso. Lo que me debío haber tocado, ya fuese el golpe y la muerte.

Lo observé, llena de pánico. No supe si fue el pánico lo que hizo que mis instintos vampiricos tardaran en reaccionar, poco tiempo despues, caía en la cuenta del olor de sangre que impregnaba el ambiente. Su sangre olía deliciosa...

Cerré los ojos, reprimiendo los deseos de morderlo: —Tonto... te dije que te fueras—murmuré, con la mano sobre su pecho, para constatar que siguiera respirando. Los latidos de su corazón continuaban, un poco debiles, pero no moriría...porque si moría, yo lo regresaría a la vida para asesinarlo por mi misma.

Suspiré, abrazandolo —Estoy bien

El olor de sangre aumentaba, siendo un perfecto perfume prohíbido para mí, era cada vez más dificil resistirse a la tentación de morderlo.


Ophelia{Te reto a que vayas por alguna calle gritándo que eres una Montesco xD}

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Re: El encuentro decisivo [Romeo. Benvolio, Cordelia y Antonio]

Mensaje por Julieta Capuleto el Lun Feb 06, 2012 4:08 pm

Sus labios eran algo que jamas habia probado con anterioridad, al igual que su sangre. Este era mi primero beso y se lo habia dado a un total desconocido... un desconocido que era raza enemiga, ¿Que rayos me estaba pasando? Pero apesar de eso, yo no me atrevia a romper el hechizo que habia provocado el beso en los dos, y a pesar de que sabia que el joven de seguro estaba aun mas impactado que yo; aun así me correspondia... hasta que separo nuestros rostros y me miro con ojos atonitos. Le devolvi la mirada con la misma intensidad al tiempo que me mordia el labio inferior, totalmente nerviosa. ¿Que sucederia ahora?
El joven aun me miraba como si no se lo pudiera creer, y era totalmente comprensible; al fin y al cabo el pensaba que yo era un chico. Trató de alejarme de el y no se lo impedi... pero la roca si que lo hizo así que reboté y sin poder evitarlo, tambien lo empuje a el.
-¡Cuidado!-trate de azirlo pero no tube oportunidad de hacerlo y el joven, en un vago intento de sujetarse a algo, me arranco mi sombrero y mi peluca.
Todos sucedio como en camara lenta, mi mano extendida para poder sujetarlo, el joven que lentamente se trastabillaba hacia atras al tiempo que se llevaba consigo mi sombrero rojo y mi peluca permitiendo que mi densa cabellera oscura cayera en cascada por encima de mis hombros y espalda. Mis ojos se abrieron de par en par, denotando la angustia que sentía no solo al ser descubierta si no tambien al ver como el joven caia.... aunque no cayo. Al final logró mantener el equilibrio y quedo doblado en dos, con la vista fija en el suelo. Mi corazon latía a mil por hora, sabiendo que solo era cuestion de segundos para que el joven se levantara y mirara el hecho de que era mujer pero sin poder actuar o alejarme de alli, totalmente acorralada, paralizada. Le habia fallado a Conrad, a Cordelia... a todos....
-Yo...-el joven levantó al fin la mirada y me miraba con expresion inaudita al tiempo que daba unos cuantos pasos hacia a mi con la mano extendida, yo instintivamente me pegue más a la roca, tratando de evitar su contacto sin ningun efecto; pues al final el joven me acaricio la mejilla y me quito el antifaz, reclamandome el porque no le habia dicho que era mujer y pidiendome que no escondiera mi rostro.
Lo miré con mis ojos color jade brillando por la agonia al sentir como me quitaba el antifaz y se lo quedaba en su mano, permitiendole así ver mi rostro tal cual era por unos segundos. Despues cerré los ojos lanzando un gemido impotente al tiempo que trataba de esconderme entre las sombras, para que ni él ni nadie pudiera verme... pero era imposible, no tenia salida. Me pegué aun más a la roca y miré a lo alto para sersiorarme que nadie podia verme desde alli, ahora solo era el joven el unico que podia verme y bueno, algo era algo... mi identidad no quedaria expuesta a todo el publico que precensiaba la escena.
El chico se apoyó en mi, totalmente debil para que sus piernas lo sostuvieran por mas tiempo y escondio su rostro en mi hombro, preguntandome mi nombre al tiempo que yo extendia los brazos y trataba de sujetarlo lo mejor posible, importandome un comino que mi disfraz se manchara por su sangre.
Mis ojos se abrieron desorbitados al escuchar lo ultimo que dijo al tiempo que mis piernas se negaban a sostener tanto peso por mucho tiempo, por lo que deje que nuestro peso nos ganara y me deje caer lentamente resbalandome por la roca y quedando en cuclillas, aun con la espalda pegada a la pared y sosteniendo su cuerpo delicadamente.
Romeo...Romeo Montesco.... era un Montesco, al igual que aquel que oprimia al pueblo tan cruelmente y al que me habia jurado derrocar para así ver liberada a NeoVerona de tanto yugo y sufrimiento.
Pero ahora un Montesco sabía la verdadera identidad de la rebelde numero uno: el torbellino rojo. Y no solo eso, si no que era al primer joven que besaba y mi corazon latia desenfrenado por su causa, sintiendo mil y un sentimientos contradictorios que luchaban en mi interior y que se quedaban rapidamente opacados cuando mis ojos miraban los suyos de un color tan intenso de azul, olvidandome de todo y solo siendo conciente de su precensia, sintiendo aquella cruel pero a la vez maravillosa opresion en el pecho al tenerle cerca, al tiempo que su contacto me producia escalofrios agradables.
Todo eso y más me provocaba un Montesco... Romeo Montesco....
-J....Ju....-traté de decirle mi nombre cuando me lo pregunto mientras aun lo sostenia, queria ser sincera con el... se lo debía, pero no solo por el hecho de haberme salvado; si no tambien porque algo dentro mio me aclamaba diciendo que él era a la unica persona que no le podia mentir-Juli....-quede de piedra cuando escuche pasos y voces bajando la empinada para llegar a donde estabamos, acercandose.
-Por aquí cayeron los Señores Romeo y Benvolio
-¡Tenemos que encontrar a nuestro señor Romeo!
Abrí los ojos de nuevo y mi cuerpo comenzó a temblar violentamiente al darme cuenta de lo que sucedia: los guardias estaban bajando para rescatar a sus señores y si me veian alli, me capturarian y colgarian junto a Cordelia mientras que mis amigos eran totalmente impotentes al respecto. Y así mi cerebro comenzó a funsionar.
Separé al chico de mi y lo mire por ultima vez al rostro, acaricie su frente, apartandole un rubio mechon de cabello y permitiendole ver mi rostro unos segundos mas por ultima vez. Cuando escuché las voces mas cercanas, me incline para con el y le di un delicado beso en la mejilla.
-Muchas gracias-susurré con suavidad al tiempo que me incoporaba, dejandolo a en en el suelo y tomaba mi sombrero y peluca para abrazarlas contra mi pecho con fuerza, como si se tratase de mi unico escudo y mi via de salvacion.
Lo mire por una ultima vez mas, pues sabia que jamas lo volvería a ver en mi vida, y despues de eso corrí con paso veloz, brincanco y sorteando las piedras y buscando a mi amiga con desesperacion.
Vi dos siluetas un poco más allá y a mi mano derecha y sin necesidad de averiguarlo, supe que se trataba de mi amiga Cordelia y lance un suspiro de total alivio al verla sana y salva al tiempo que la culpabilidad me carcomia, por olvidarme de su suerte cuando me encontraba en precensia de Romeo....
Romeo... era el nombre más hermoso que habia escuchado en mi vida y aunque sabia que jamas lo volveria a ver, su nombre y apariencia quedarian grabadas en mi mente hasta la hora de mi muerte.
Me puse el sombrero, pues no habia tiempo de acomodarme la peluca y deje que mi cabello ondeara libremente por detras de mi espalda, deseando fervientemente que nadie pudiera verlo y atara cabos de que el Torbellino Rojo era una mujer. Y en ese momento caí en la cuenta de que no llevaba mi antifaz, se lo habia quedado Romeo en su mano cuando me lo quito. ¡Demonios! Ya no habia tiempo de regresar a por el.
Me acerque a Cordelia y me situe a su lado de un agil brinco al tiempo que escuchaba los gritos de los guardias más cercas. Ví como esta me miraba y su rostro de total perplejidad al verme sin antifaz y sin peluca, pero no habia tiempo para explicaciones: ya le diria despues todo, si es que podia. La tomé de la muñeca con mi mano izquierda y la incorporé, separandola del abrazo que aquel chico le proporcionaba...¿Seria amigo de Romeo? ¿Habia salvado a mi amiga como Romeo lo habia hecho conmigo? Tampoco habia tiempo para las averiguaciones.
-Vamonos-le dije secamente y con apuracion al tiempo que comenzaba a correr nuevamente arrastrandola conmigo y sujetando la peluca con fuerza con mi mano derecha.
-¡El Torbellino Rojo! ¡Se escapa, atrápenlo!
Eche una rapida y fugaz mirada por encima de mi hombro entre mi cabellera negra, agradeciendo que esta fuera especa y me cubriera parcialmente el rostro; y miré como algunos guardias iban tras nosotras y otros se quedaban a auxiliar a Romeo y al otro chico. Suspiré de alivio al ver que ambos serian atendidos y que no moririan aunque poco me duró el gusto pues aun teniamos que correr para salvarnos.
Esquivé roca tras roca, encaramandome de aqui por allá mientras aun azia a Cordelia con fuerza hasta que al fin salimos del precipicio y nos trepabamos a la calle para al fin poder correr con mayor velocidad en terreno plano y liso.
Nos metimos entre una callejuela y de allí nos escondimos entre las sombras de los edificios al tiempo que subiamos rapidamente por unas escaleras: las que nos conduciria al atajo para llegar al teatro de Willy.
Dejando atrás a los guardias en el barranco y a Romeo con ellos.... y tambien supe, por el vacio que sentia en el pecho, que mi corazón se quedó con él.




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Re: El encuentro decisivo [Romeo. Benvolio, Cordelia y Antonio]

Mensaje por Romeo C. Montesco el Vie Feb 10, 2012 10:14 pm


Entre sus brazos todo era tan cálido aunque su cuerpo se empezara a sentir frio por la falta de sangre, parecía que lo cargara un ángel….No…. Más bien lo cargaba un ángel entre sus brazos, una bella ángel que se llamaba ju…Juli…. ¿Juli que? ¿Qué pasaba? ¿Por qué no le había dicho su nombre completo?... Un momento, por los mil… Tsk, ¿por qué?.... ¿Por qué se tenían que aparecer en ese momento?, los guardias eran las personas más inoportunas de todas, tenían todo el momento que querían para venir y se le antojó venir en ese momento, en el momento en que le habían quitado su primer beso, en el momento en que había conocido lo que era a la mujer más bella del mundo, aquella que con un beso, marco su ser, con una mirada ató sus ojos y con unas palabras flechó su alma, ahora ellos estaban aproximándose, y cortaron tan hermoso momento en su vida, eso era totalmente injusto, no podía hacer anda para evitar que se marchara, su cuerpo, sus fuerzas, todo ese día estaban en su contra, en un intento obviamente sin ninguna oportunidad de funcionar, ella ya había tomado dirección hacia donde estaba Benvolio, se imaginaba para que, iba a buscar a su amiga para irse, ¿por qué no pudo quedar con el un rato más? Su calor hacia que todos sus dolores fueran mínimos, pero ahora estaban nuevamente a regresar, demonios.

Quedó mirando como ella solamente iba hacia donde estaba su amiga y a los pocos minutos regresaba, o por lo menos pasaba por su lado y le dedicaba las últimas palabras que seguramente iban a ser las últimas que iba a oír de ella para toda su vida, mientras pasaba por su lado ese segundo se hizo eterno, la miraba como su hermoso cabello se batía con el viento y por sobre todo como ella también lo miraba, luego de que ya ella se empezaba a alejar dejó su cuerpo caer recostado de una roca manchándola completamente de sangre, en ese justo momento llegaron los guardias hasta donde estaba el, claro como era de esperarse los miraba muy molesto, demasiado se podía decir, ya no le bastó con hacerla caer por el precipicio, sino ahora que interrumpieron el momento más tierno de su vida…. Ahhhhh!!!!...... Quería gritarles, quería decirles lo que sentía en ese momento, quería decirles “Malditos, porque llegaron, porque no mejor se fueron al infierno” pero sus labios lo traicionaban, no podía hablar ni decir nada, solo jadeaba con mucha fuerza por el dolor que volvía a regresar a su cuerpo, no podía creerlo, nuevamente estaba completamente dañado, sentía nuevamente ese fuerte chillido en su oído que parecía que se los iba a explotar, pero cuando los hombres iban a perseguirlas por fin pudo decir algo. Lo que dijo fue…. Ni se les ocurra ir hacía allá Ese tono tan amenazador hizo que ellos se quedarán estáticos, nunca en su vida había hablado amenazando a alguien, más bien, ni pensaba hacerlo, pero no pudo evitar amenazar a los que lo cuidaban a el. Pe…Pero amor Romeo es el torbellino rojo… En ese momento los ojos de Romeo se tornaron de un color dorado demostrando su autoridad sobre esos pequeños esclavos de el. No me importa si es el torbellino azul carmesí o morado ustedes no van a perseguirlo. Estaba muy molesto, impotente de no poder hacer que se quedara a su lado y disfrutar de estar entre sus brazos, todo lo que sintió en solo minutos que estuvo con ella, minutos que parecieron horas, lo que se puede decir como las horas más hermosas de su vida.

Miró su mano en donde tenía el antifaz de ella y lo apretó contra su pecho, sintió un gran vacio al hacer eso, el gran vacio que se sentía al saber que lo más seguro una persona que te robado todo de ti en un simple momento, estaba sintiendo algo que se llamaba amor a primera vista, el no pensó en enamorarse nunca, pero que bueno que lo había hecho, era el mayor sentimiento del mundo, uno muy hermoso que hacia que su mundo girara de una nueva manera, todo era tan hermoso, terminó guardando el antifaz entre sus rasgadas ropas, lo iba a atesorar como algo que no quisiera separar de el en ningún momento, si eso haría, lo volvería un gran tesoro en su cuarto. Los guardias empezaron a levantarlo en una camilla para llevarlo al castillo, mientras era levantado la luz de sus ojos se apagaban y terminaban por volverse una oscura sombra que lo hizo desmayarse en ese instante ¿Amo?... Amo!!! ese guardia se exaltó al mirarlo como se terminaba de desmayar justo delante d ellos al momento en que lo empezaban a levantar en la camilla Rápido llevan al amo romeo al catillo rápido esta en peor estado que el amo benvolio Los demás guardias obedecieron a ese guardia que era el capitán de esa unidad de búsqueda, el cuerpo de Romeo fue trasladado con gran rapidez por toda la plaza mientras el solo soñaba que estaba al lado de esa mujer que lo había flechado en un simple instante.



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Re: El encuentro decisivo [Romeo. Benvolio, Cordelia y Antonio]

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